Anita Puelma y su experiencia con el programa Working Holiday: "Alemania me eligió a mí"

Anita Puelma Ampliar imagen (© Anita Puelma) Alemania me eligió a mí. No estaba en mi lista de viaje, pero apareció. Uno de mis hermanos se fue junto a su familia a vivir a un pueblo pequeño en el sur, en Baviera, con un nombre que me tomó alrededor de un mes pronunciar bien: Herzogenaurach. Cuando se fueron les deseé buena suerte, asumiendo que iba a pasar un buen tiempo para volver a verlos. Yo tenía en mis planes viajar en algún momento. Quería hacer un viaje largo. De meses. De años. Y quería escribir sobre ello. Convertirme en escritora de viajes. Pensé en eso por meses y el destino me escuchó porque el proyecto para el que trabajaba como periodista fue cancelado justo para Año Nuevo. Esa noche tomé mi copa con champaña, brindé y me pasaron un globo rojo con helio para que lo mandara al cielo con mis deseos. Y allí apareció, como una estrellas fugaz, la idea de empezar mi proyecto allá, en ese país a 12.513 kms. de distancia. Alemania sería la primera historia en mi sitio web Mujer con Mochila:

www.mujerconmochila.com

La Working Holiday Visa abrió las puertas a empezar mi ruta. Un año para poder trabajar y recorrer. Ya manejaba harta información del tema y, para mi suerte, cumplía con todas las condiciones para postular. Presenté mis papeles y en una semana tenía la visa estampada en mi pasaporte. El pasaje lo compré para el 25 de abril. Ya no había vuelta atrás. 

Anita Puelma Ampliar imagen (© Anita Puelma) Llevo ya casi 7 meses y he tomado más de 30 distintos tipo de cerveza –y eso que ni me gustaba–, y he probado los panes con semillas y dulces más variados. Cada vez que entro a una Bäckerei (panaderías) pruebo algo distinto. Acá el concepto de "light" no existe. Sí lo "Bio", lo orgánico. Incluso hay supermercados dedicados únicamente a vender estos productos, y están en cada pueblo. Y eso me encanta. 

El reciclaje ha sido un aprendizaje que no esperaba. Olvidé que Alemania es el país que lidera en estos temas. Me ha gustado tanto aprender sobre eso que incluso he pensado en hacer un máster sobre el tema. Y es que uno ya no se puede hacer el loco.

Si bien mi venida para acá fue un poco impulsiva, ahora entiendo por qué Alemania puede enamorar a cualquiera, y es que sus fiestas de verano, su muy accesible costo de vida, su desafiante idioma y todas sus rutas y ciudades, cada una con su atracción, son para no aburrirse en ninguno de los 365 que uno tiene para vivir acá.

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